Zotac alerta de una crisis de memoria que ya pone contra las cuerdas a los fabricantes de gráficas
por Manuel NaranjoMontar un PC en 2026 se ha convertido en un ejercicio de paciencia. Abres tiendas, comparas modelos y el componente que menos protagonismo tiene en las fotos es el que manda: la memoria. Tanto la del sistema como la memoria de las tarjetas gráficas se han vuelto un cuello de botella que decide el precio final y, sobre todo, la disponibilidad.
En ese contexto, una advertencia atribuida a Zotac Korea ha levantado la ceja de la industria. El fabricante califica la situación como extremadamente seria y la vincula con un riesgo directo para la continuidad de fabricantes y distribuidores si la escasez de memoria se mantiene.
La frase no aparece en el vacío. El mercado de memoria está bajo presión por la expansión de la infraestructura de inteligencia artificial, y ese tirón tiene efectos colaterales sobre el hardware de consumo.
La memoria se ha convertido en la pieza que decide el resto
En una tarjeta gráfica moderna hay dos dependencias claras: el chip gráfico y la memoria que lo alimenta. Sin esa memoria, el rendimiento se queda en promesa. El problema es que esa pieza depende de una cadena global donde cada ajuste de capacidad se traduce en precios y plazos.
La demanda de chips de memoria se ha disparado por la inversión en inteligencia artificial, con subidas que complican el panorama para la electrónica de consumo en 2026. Cuando los proveedores priorizan productos más rentables para centros de datos, el mercado doméstico se queda con menos stock y con más volatilidad.

El golpe cae sobre los ensambladores, no solo sobre los diseñadores del chip
La advertencia atribuida a Zotac señala a un eslabón muy concreto: los ensambladores que montan la tarjeta final. No diseñan el silicio, pero sí compran componentes, reservan producción, adelantan capital y asumen el riesgo de inventario.
Hay dos ideas que juntas explican la alarma: el suministro de memoria sigue limitado y también se han anunciado reducciones en volúmenes de suministro de GPU. Para un ensamblador, eso significa pagar más por la memoria de vídeo y, al mismo tiempo, recibir menos chips para producir. Menos unidades implican menos capacidad para repartir costes fijos y menos margen para absorber un giro de precios.
Aquí aparece un efecto dominó fácil de visualizar: menos volumen, menos tarjetas en tiendas, precios que se sostienen altos y un consumidor que pospone la compra. Los actores grandes suelen aguantar mejor. Los pequeños viven con una cuerda mucho más corta.
El termómetro está en la memoria del sistema, porque arrastra a todo
Aunque el titular sea la gráfica, la señal más visible está en la DRAM de los PCs. Además, hay previsiones de que los precios de DRAM para PC se acerquen a duplicarse hacia marzo de 2026, con la demanda de IA como motor principal y con fabricantes desviando capacidad a memoria de servidor. Cuando esa parte del presupuesto se encarece, el resto sufre: equipos premontados más caros, renovaciones empresariales que se aplazan y usuarios que alargan ciclos.
La presión no viene solo de que haya menos memoria disponible. También influye a quién se le asigna primero. La industria está volcada en vender memoria de alta densidad para servidores, especialmente la que se usa en entrenamiento e inferencia de modelos, y esa prioridad desplaza productos más cotidianos. En la práctica, significa que el mercado doméstico compite con proyectos que compran por miles y que aceptan precios más altos porque el retorno se mide en horas de cálculo.
Eso explica por qué los lanzamientos de gráficas pueden llegar con menos unidades, y por qué algunos modelos se vuelven invisibles durante semanas. Cuando el stock es irregular, los precios se vuelven más pegajosos: bajan tarde y suben rápido.
Un aviso que cambia el tono del año
Lo relevante de este episodio es el cambio de tono. Se pasa del lamento por precios altos a la alarma por supervivencia de parte del ecosistema.
Si la tensión se mantiene, el mercado de gráficas seguirá viendo unidades que vuelan rápido, precios rígidos y lanzamientos con menos disponibilidad. Y si el problema se alarga, el riesgo para los ensambladores más expuestos deja de ser una frase dramática y se convierte en un problema de caja.
Zotac, al ponerlo en palabras, no solo avisa a sus clientes. También está enviando un mensaje a toda la cadena: la memoria ya no es un detalle del producto. Es el factor que decide quién fabrica, quién vende y quién se queda mirando desde la barrera.
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