Impresoras 3D

Las impresoras 3D son unos dispositivos que nos permiten dar rienda suelta a nuestra creatividad, creando modelos físicos en plástico u otros materiales a partir de un modelo 3D determinado, el cual podemos escalar a nuestro gusto. Estas impresoras, pese a ser caras en sus inicios, han llegado al mercado mainstream gracias a kits que pueden llegar a precios de derribo de hasta 100 euros, que si bien no nos darán la máxima calidad ni mucho menos, pueden ser un buen punto de partida para mejorarla y obtener buenas piezas.

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Las impresoras 3D han llegado como parte de una ola de gadgets que en un principio parecen innecesarios, y es que prácticamente se puede crear cualquier cosa con ciertos conocimientos de modelaje tridimensional y una de estas impresoras. Desde repuestos para aparatos de uso diario hasta regalos, todo es posible con el tiempo y el material necesario.

Sin duda todo tiene sus contras, y es que cualquier impresora FDM (Fused Deposition Modeling) necesitará de varias horas para crear piezas que cuenten con cierto volumen si queremos que sean realmente piezas bonitas, robustas y fiables, debido a que se necesita depositar plástico por capas a través de un conjunto extrusor que se calienta a distintas temperaturas según el material empleado y nos permite que dicho conjunto se mueva por una superficie de impresión imprimiendo una línea continua.

Este problema se soluciona parcialmente con impresoras SLA, las cuales funcionan con una resina especial que reacciona a los rayos UV para crear capas completas de una sola vez, obteniendo así resoluciones mayores más rápido y una mayor resistencia, eso si, a un mayor coste tanto para la impresora en si como para el material. Además, suele tratarse de impresoras más pequeñas que las FDM.

Cuando hablamos de impresoras 3D solemos tener ciertas ideas aproximadas de qué aspecto tienen, y si bien son las que mayormente vamos a ver en el mercado, existen otros modelos específicos que sirven para tareas de mayor envergadura o para materiales más complicados de imprimir. Del mismo modo, podemos hacernos nuestra propia impresora 3D si tenemos el tiempo y la habilidad.

Por ejemplo, existen muchos avances en la impresión FDM de hormigón, algo que permitiría construir casas en apenas uno o dos días sin necesidad de ladrillos, solamente con un suministro continuo de hormigón. Del mismo modo, existen modelos capaces de imprimir en cristal, algo que requiere varios miles de vatios solamente para fundir el cristal, para luego conseguir piezas con transparencia óptica, algo que solamente se ha conseguido recientemente.

Una baza interesante de las impresoras 3D es la de utilizarlas para conseguir recambios de modelos antiguos de maquinaria como podrían ser coches, donde por ejemplo podríamos conseguir algunas piezas que ya no se fabrican simplemente obteniendo los archivos CAD correspondientes, algo que ya se ha puesto a prueba en la industria de camiones, donde piezas como parachoques o componentes de la admisión, que son mayormente piezas muy largas y huecas, ocupan un espacio importante en los almacenes esperando a ser utilizadas en algún vehículo que se haya dañado.

Es de esperar que en un futuro, las impresoras 3D, o al menos la fabricación FDM, esté mucho más extendida gracias a las ventajas que es capaz de proporcionar, donde si bien una de las primeras características a mejorar es su velocidad, el hecho de poder fabricar nuestras propias piezas en casa o encargarlas a un establecimiento que cuente con una o varias de estas impresoras es algo que hace 10 años era impensable por completo, y más en un mundo donde la fabricación por inyección de plástico en moldes metálicos reina los procesos de fabricación actuales.