NVIDIA deja en el aire las RTX 5000 Super: la escasez de GDDR7 y el foco en la IA frenan el refresh de la gama gaming
por Manuel NaranjoA estas alturas ya no sorprende que el calendario de las gráficas se esté volviendo rarísimo. Lo que sí llama la atención es el motivo: no es un problema de arquitectura, ni un giro de diseño, ni que la generación actual haya salido mal. El runrún alrededor de la serie GeForce RTX 5000 Super se está moviendo en otra dirección: el refresh se queda fuera de juego por tiempo indefinido porque el mercado que manda ahora mismo no es el del gaming, es el de la IA y, sobre todo, el de la memoria.
La información no llega como anuncio oficial de NVIDIA, sino como filtración atribuida a fuentes de la cadena de suministro y a lo que se está comentando en el entorno de los ensambladores. Aun así, encaja con un patrón que ya se veía venir desde el CES 2026: nada de nuevas RTX Super en el escenario y un foco público muy marcado hacia soluciones de IA.
Qué se esperaba de las RTX 5000 Super y por qué el plan se enfría
En la lógica habitual de NVIDIA, una línea Super funciona como un reajuste a mitad de ciclo: más rendimiento, más memoria o un equilibrio mejor entre precio y prestaciones. Con la generación anterior, la actualización llegó relativamente pronto y con cambios claros en varios modelos.
Con la RTX 5000 Super, lo que se daba por hecho era una receta similar, y las filtraciones hablaban de un salto importante en VRAM, con aumentos que incluso rozaban el 50 por ciento frente a los modelos equivalentes estándar. Ese detalle es justo el que lo complica todo, porque en 2026 la VRAM ya no es solo un componente, es el componente.
Aquí entra el elemento clave: la crisis de memoria impulsada por el boom de la IA. Cuando la industria se pelea por chips de memoria avanzados, suben los precios, se estrecha el suministro y los productos que consumen más memoria pasan a tener peor encaje en el calendario.
La memoria manda: GDDR7, márgenes y prioridad absoluta para la IA
Si hay una lectura que se repite, es esta: la capacidad de producción se está reservando para donde el margen es más alto. Y hoy el margen más alto está en aceleradores y soluciones de IA, no en gráficas de consumo. La consecuencia es bastante simple, aunque sea incómoda: cualquier producto que requiera más VRAM compite de frente con una demanda que paga más.
No es que NVIDIA no pueda hacer una RTX Super, sino que no le compensa forzar el reparto de memoria y obleas si con ese mismo esfuerzo coloca hardware para centros de datos o sistemas de IA. El contexto del CES refuerza esa idea: NVIDIA aprovecha el evento para hablar de su hoja de ruta de IA y de plataformas servidor, y el ruido alrededor del gaming queda en un segundo plano.

El otro motivo incómodo: AMD no aprieta en 2026
Hay un segundo argumento que, aunque suene feo para el consumidor, es muy real en estrategia de producto: sin presión competitiva directa, no hay urgencia. AMD no tiene un lanzamiento de GPU de consumo nuevo en 2026, y eso permite a la serie RTX 5000 seguir siendo competitiva sin necesidad de una línea Super que refresque la gama.
El calendario que se maneja sitúa la siguiente gran hornada de AMD, asociada a RDNA 5, ya en la segunda mitad de 2027. Con un rival sin movimiento inmediato, NVIDIA puede permitirse estirar su generación actual y centrar recursos en lo que realmente le está pidiendo el mercado.
Esto también explica por qué las RTX Super, que normalmente funcionan como respuesta táctica, pierden sentido: si no hay una Radeon nueva que te obligue a reajustar, el refresh pasa a ser opcional. Y si además el refresh exige más VRAM justo cuando la VRAM está carísima y escasa, el incentivo cae todavía más.
Qué significa para quien quiere actualizar el PC en 2026
Si esta situación se confirma, la consecuencia práctica es clara: el comprador se queda sin ese punto intermedio que suele ser muy apetecible. Mucha gente espera a una Super por dos motivos: mejor relación precio-rendimiento o un salto de memoria que alarga la vida útil. Al desaparecer ese escalón, la decisión se vuelve más binaria: comprar lo que hay o esperar a la siguiente generación completa.
Y aquí aparece una tercera pieza como factor adicional: el horizonte de la serie RTX 6000. Hay filtradores con buen historial que sitúan esa generación en la segunda mitad del año que viene. En un escenario así, lanzar una Super demasiado cerca del siguiente salto también puede canibalizar ventas, porque una parte del público se frena y aguanta.
El resultado es un mercado raro: menos novedades de gaming de las esperadas, más continuidad de modelos actuales y una industria que, cuando necesita memoria puntera, la dedica primero a IA.
En resumen, el rumor de un retraso indefinido de las RTX 5000 Super no habla tanto de una gráfica concreta como de una prioridad industrial. En 2026, el cuello de botella de la GPU ya no es solo el silicio: es la memoria y quién se la queda.
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